Las Oscilaciones Políticas del Gobierno Democrático de Alfonsín

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Las Oscilaciones Políticas del Gobierno Democrático de Alfonsín
Entre el movimientismo y la creación de un sistema de partidos 

Javier Etchart*

Resumen

Los malos resultados socio-económicos del primer gobierno democrático surgido en 1983 han sido atribuidos a distintos factores, los que han transitado desde las presiones externas, hasta insuficiencias vinculadas a una mirada restringida (minimalista o meramente politicista) acerca de los problemas con los cuales debía enfrentar en esos momentos el gobierno radical. En este sentido el trabajo intenta interpelar esas afirmaciones, buscando una explicación  más cercana a oscilaciones que el propio gobierno tenía respecto a cómo afianzar el propio sistema político democrático emergente. Así podría afirmarse que por un lado el gobierno fluctuó entre afirmar la idea del 3º movimiento histórico, y por otra parte la de fortalecer el sistema de partidos políticos, tal como se daba en los países políticamente más desarrollados.Esas  oscilaciones políticas terminaron minando parte de los apoyos políticos necesarios para llevar adelante sus planes de gubernamentales. 

Palabras clavesDemocracia-Régimen político-Transición política-Sistema político democrático- ·       

IntroducciónLuego de transcurridos los primeros años de la democracia en nuestro país, podemos observar algunos datos que marcaron su performance.Cuadro 1[1]

  1983 1984 1985 1986 1987 1988 1989
Variación PBI 3,7 1,8 -6,6 7,3 2,6 -1,9 -6,2
Variación salarios reales en industrias 17,3 27,4 -9,3 -3,9 -8,3 -1,0 -8,8
Saldo Balanza Comercial (en miles de mil. De dólares) 3,3 3,5 4,4 2,1 0,5 3,8 5,3
Inflación precios al consumidor 345 627 672 90 131 343 3079

 

 Ilustrando aún mas como estos indicadores impactaron en la población, la medición de la pobreza señala también un panorama claro en este sentido.Cuadro 2[2] :Area Capital Federal y gran Bs.As.. Hogares y familias por debajo de la línea de pobreza (1974-1989)

Años Hogares % Personas %
1974 7,7 8,5
1986 17,6 22, 4
1989 48,0 55,7

 

 Lo mismo podría señalarse respecto a la evolución creciente de la Deuda Externa.[3]La idea básica estará en analizar las razones por las cuales este gobierno terminó en un proceso que combinó indicadores socio-económicos negativos, con una derrota electoral, y con una crisis política en el seno del partido gobernante.El presente trabajo se propone describir y analizar el período ´83-´89, intentando señalar  algunas de las razones que condujeron hacia situaciones de desequilibrios como los exhibidos en los cuadros anteriores.Para dar cuenta de eso se han utilizado dos aproximaciones teóricas que solo son escindibles con fines analíticos. Nos debe servir como aproximación típica-ideal, y no como esquemas cerrados donde existe solamente una forma de justificarse.Por un lado están aquellas posiciones que enfatizan las variables económicas-estructurales del contexto en el que actuó el gobierno de Alfonsín (ej. Borón 2003).

Básicamente la argumentación recorre las transformaciones que estaba experimentando el capitalismo en el plano mundial, y como esto se objetivó en políticas específicas que los países Latinoamericanos debían observar. Podría agregarse que para esta mirada la centralidad que adquirió la deuda externa, posibilitó una mayor vulnerabilidad para la adopción-imposición de determinadas políticas.
Por otro lado existen otras explicaciones que enfatizan variables políticas-económicas, con una mirada más interna acerca de lo ocurrido en esa etapa. Aquí la explicación radica más en la acusación hacia el gobierno radical de tener una mirada restringida “politicista, minimalista, o meramente procedimental” de la democracia (Portantiero 2000 , Saín 2000 ). Según estos, la insuficiencia radicó en no trascender un esquema político hacia una mayor articulación con el sistema económico y social.El presente trabajo se acercará más hacia esta última aproximación, intentando analizar las variables políticas-institucionales.En este sentido replantearé la acusación de minimalista que se le ha formulado a la concepción democrática del gobierno radical.Considero que parte de los inconvenientes exhibidos a nivel de indicadores socio-económicos se vincularon más con las ambigüedades en la concepción política del partido gobernante, que con la reducción de esa mirada solamente al aspecto político.Más bien creo que parte de la mala performance se vincula con la falta de una verdadera construcción del sistema político democrático, y esto se relaciona con una mirada oscilatoria entre constituir un sistema de partidos o fortalecer una idea movimientista como vehículo de intermediación de intereses (el tercer movimiento histórico). Si bien las condiciones estructurales condicionan lo sucedido, la dificultad para su manejo se agrava o atenúa en función de las capacidades políticas que pudieron armarse para su dirección. Precisamente el gobierno de Alfonsín falla en este sentido.Para desarrollar esto describiré inicialmente el paradigma dominante en la relación entre sociedad-política-estado y economía. Luego cómo éste fue encarnado por el partido de gobierno para conformar sus ideas rectoras, para finalmente señalar el ambiguo manejo del ámbito político. 
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Transformaciones conceptuales: la Teoría de la Transición
Se debe entender que los marcos conceptuales con que se ven los fenómenos sociales en general condicionan en gran medida las decisiones que luego adoptarán los actores políticos.De allí que estableceré algunas líneas interpretativas sobre el estado en general, y de su impacto en nuestra región en particular, como así también creo importante señalar los paradigmas con los que se han interpretado las articulaciones entre los ámbitos políticos sociales y económicos en Aca.Latina.El estado como estructura política decisional es típico de la modernidad.Weber (1999) ha señalado las características distintivas de lo denominó la dominación racional-legal, cuyo ejercicio efectivo se realizaba  a través de un cuerpo burocrático administrativo.Lo importante del análisis Weberiano es el haber acentuado una mirada donde capitalismo y estado se correlacionan, pero este último no queda subordinado a un aspecto meramente económico.R.Sidicaro (2006) siguiendo a Weber, señala las distintas funciones cumplidas por el estado en las sociedades modernas,  y como este actúa sobre la sociedad imprimiéndole una dinámica particular a la misma.Si bien ninguna sociedad ha escapado a su influencia, la valoración y el alcance de la acción estatal puede ser visto de acuerdo a dos líneas de interpretación, tal como lo ha expresado Aguilar-Villanueva ( pag.42) : “por un lado una tradición Anglo-Americana…” donde la sociedad es regulatoriamente tan fuerte como el propio estado. Esto significa la situación de una sociedad civil fuerte, cohesionada que solo reclama un poder público solo para aquellas circunstancias que superen la capacidad de auto-equilibrio y auto-determinación de la sociedad:”… el estado es un organismo mas, al lado de las otras, importantísimo, necesario pero no totalizador, ni vertebrador ni suficiente”. La segunda línea interpretativa sobre el estado parte de una “sociedad heterogénea, incomunicada, frecuentemente enfrentada incapaz de resolver sus conflictos”(43). Aquí el estado asume las veces de articulador, de ordenador, y de pacificador. El estado hace a la sociedad, es una condición sine qua non de la vida institucional.Esta segunda línea está más en consonancia con lo sucedido en Aca. Latina. El estado ha sido un vertebrador medular del proceso de centralización, del establecimiento de las condiciones jurídicas institucionales y un actor en la motorización de los procesos productivos.El estudio sobre el estado ha sido analizado a través de tres paradigmas (García Delgado 1994), los que se corresponden con tres momentos históricos diferentes.Sucintamente para 1950 aparecen los trabajos de Gino Germani y el paradigma de la Modernización, el cual sigue un modelo evolutivo tal como se dio en los países más desarrollados.Aquí el estado asumiría un papel activo en el despegue económico-social, en la remoción de aquellos elementos que retrasaban el desarrollo, la marcha hacia la madurez.De acuerdo a los críticos de este enfoque, el estado no se percibe como un producto cultural e históricamente construido, de allí que para 1960 aparezca otro paradigma, el de la Dependencia. Aquí el análisis pasa por una relación contradictoria entre países centrales y periféricos.Las causas del subdesarrollo están enraizadas en un sistema donde la suerte de de los países centrales no podía ser entendida sino a partir de la relación de dominación que se ejercía sobre el resto de los países.El estado era observado en clave clasista, con un rol gerencial de dominación.Lo importante de este paradigma los fines de este trabajo, radica en su concepción de la política: “…desaparecía lo importante de la cultura política y de las instituciones. Los actores eran actores de clases que expresaban sus intereses en una suerte de determinismo estructural, donde no había por tanto, posibilidades de negación o redefinición” (G.Delgado 1994 pag.34).Para los años ´70 aparece otro paradigma (según G.O´Donnell no logra alcanzar ese status) centrado en lo político, “en la distinción entre estado y régimen y en la influencia de otros actores en el proceso de modernización “ (G..Delgado et al pag.36).La dicotomía básica con la que se enfrentaban las sociedades Latinoamericanas ya no serían sociedades tradicionales vs modernas, o las relaciones de centro-periferia y su correlato en la relación liberación o dependencia. El nuevo par de análisis comenzó a ser Autoritarismo o Democracia.La llamada Teoría de la Transición tiene como centro de análisis la idea de construir un sistema político democrático, de allí la importancia en las nociones de régimen político, de participación política, en el concepto de ciudadanía, de cultura política, y en un sistema de intermediación de intereses a través de los partidos políticos, lo cual implica el alejamiento de miradas corporativas y autoritarias.El estado es concebido como estado de derecho, no tanto en su rol interventor, sino como forjador neutral de intercambios y reglas democráticas, un procesador de las distintas conflictividades. Esto ha hecho que se hable de un nuevo proceso político en la Argentina en el marco del modelo democrático-liberal-pluralista.Gran parte de estas ideas rectoras fueron tomadas por el partido radical y su candidato en la campaña del ´83.Desde la incorporación del preámbulo de la constitución en sus finales de discurso, pasando por un llamamiento plural a todos aquellos sectores políticos que defendían el “interés nacional”, su posición crítica frente a las violaciones de los derechos humanos, su denuncia anti-corporativa contra los sindicatos y su ligazón con los militares, hasta su slogans acerca de las potencialidades infinitas de la democracia. 
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Rigideces estructurales y condicionamientos políticos
El gobierno de Alfonsín debió hacer frente a un conjunto de elementos que condicionaron fuertemente el accionar autónomo del mismo.La dictadura generó las bases estructurales de un nuevo esquema de acumulación económico y social, que recorrerá todo el mandato para estallar finalmente en 1989.Entre los elementos condicionantes deben destacarse la crisis de la deuda en 1982, y con ello la nueva política internacional de los organismos internacionales de crédito, agravado esto posteriormente por el traslado de la deuda privada hacia el estado.Por otro lado, y desafiando la asimilación de dictadura con neo-liberalismo, el gobierno militar re-construyó una nueva matriz económica que a través de una política activa del estado en materia de subsidios, protecciones, desgravamientos impositivos, conformó la aparición de un nuevo actor social: los Grupos Económicos de base nacional que dominaron de forma monopólica al mercado en rubros como papel, plantas siderúrgicas, petroquímicas, cemento, refinerías de petróleo, entre otros.A su vez el proceso no pudo resolver el problema inflacionario, inconveniente que acompañará al nuevo gobierno democrático durante todo su período.Por otro lado la política represiva no solo se ejerció sobre el avasallamiento de los derechos humanos, lo cual obligaba a tener una posición hacia los responsables militares del gobierno anterior, sino también sirvió como mecanismo de disciplinamiento hacia el ámbito laboral. De esa forma se logró un incremento en la productividad y una apropiación del mismo por parte de los sectores que no pertenecían al campo de los asalariados.De tal modo que si se quería recuperar la confianza en la democracia, sería necesario que el estado atendiera prioritariamente la política redistributiva en el país.Ahora bien estos elementos condicionantes constituyen las bases estructurales desde la cual se debe actuar. No pueden obviarse ni desconocerse, impactarán con independencia de la voluntad de los gobernantes, sin embargo y tal como había sostenido en la introducción, el grado y la forma en la impactarán, dependen de las capacidades del propio estado como así también -y especialmente- de la manera en que se estructurará el propio sistema político (capacidad de acuerdos sobre políticas de estado, mecanismos sólidos en la intermediación de intereses, etc).Considero que la falla fundamental del gobierno de Alfonsín radicó allí, ya que esto le impidió responder acertadamente a un contexto socio-económico interno y externo de fuertes transformaciones. 
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La MiradaMinimalista” del Gobierno Radical
Sobre comienzos del gobierno de Alfonsín existieron errores en el diagnóstico sobre el momento que estaba atravesándose.En cuanto a lo económico la primera conformación del gabinete marca claramente cual sería el tratamiento que se le imprimiría a esta materia. Gran parte del equipo económico estaba conformado por integrantes del gobierno de A.Illia, cuando el paradigma Keynesiano aún estaba vigente.Dentro del mismo espacio económico, se consideraba que la deuda externa podía discriminarse entre legítima e ilegítima, además se sostenía que por medio de las políticas Keynesianas se lograría reactivar la producción vía demanda agregada, lo cual favorecería las inversiones y los saldos exportables necesarios para generar el superávit con el cual se pagarían los intereses y la propia deuda externa.Por otro lado el gobierno de Alfonsín produjo una errónea asociación entre dictadura y políticas neo-liberales. El autoritarismo militar se basaba en una filosofía económica signada por la libertad de mercado, la disciplina monetaria y fiscal.En la visión de los hombres de gobierno, recuperar la democracia generaría per se un virtuosismo natural, “…la afinidad entre neo-liberalsimo y autoritarismo debía dejar lugar a la afinidad entre democracia y políticas que impulsarán el crecimiento, el empleo y la redistribución del ingreso” (Novaro-Palermo  pag.63).Esta mirada se entroncó con la internalización de la Teoría de la Transición.Es esta perspectiva la criticada por diversos autores (Nun, Portantiero, Saín, Weffort, entre otros).Siguiendo el análisis de Saín (2000) estas teorías suponían “un abordaje parcial, formalista y coyunturalista,…que privilegió el estudio de los regímenes políticos, dando una perspectiva institucionalista…”.La critica central está en que esta concepción mínima de democracia “no contempla aquellos factores socio-políticos que condicionaban dicha institucionalidad…”, tampoco alcanzó para distinguir entre “democracia, entendida como régimen político de la democratización comprendida como proceso político, social, económico, cultural e institucional orientado hacia la construcción de un orden político…” (pag.212).Este tipo de enfoque expresa un   “politicismo teórico conceptual basado en la proclamación de la autonomía de la política frente a la sociedad y a la economía… (pag.226).De acuerdo a estos autores críticos, el problema de ese enfoque está en que una vez que las circunstancias económicas y sociales comienzan a ser adversas, no pueden dar respuestas. Es decir cuando las condiciones estructurales generadas por la dictadura cobraron forma, cuando los grupos económicos transformados en actores sociales de peso continuaron reclamándole al estado una continuidad en las transferencias de varios beneficios, cuando la inflación no pudo ser frenada, cuando se vio la imposibilidad del pago de la deuda, cuando el déficit fiscal no dependía de un mero problema tributario, cuando las inversiones no se generaban, cuando el incremento de salarios solo eran nominales y comienza un deterioro constante de las condiciones sociales, en una palabra cuando todas las bases estructurales comienzan a materializarse, el enfoque “limitado” del gobierno radical no puede ser capaz de dar soluciones, por tanto naufraga de acuerdo a las presiones políticas, sin poder articular esos distintos desafíos. 
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Ambigüedades para la construcción de un sistema político democrático
Siguiendo a autores como G.Sartori (1987) o R.Dahl (1989), un sistema político democrático requiere la creación de una cultura política determinada, cuestión esta que no había sido problematizada anteriormente. Esto supone un compromiso con valores tales como la tolerancia, el pluralismo, la participación política, y un sistema institucional de fuerte respeto a los derechos individuales.Al mismo tiempo, se necesita conformar un sistema de partidos competitivos, comprometidos con esos valores, eliminando a aquellos partidos “antisistema”, que generaban un comportamiento político centrífugo, bases estas poco propicias para consolidar las democracias.Considero que este ha sido uno de los grandes déficits del gobierno radical, y para ello no solo actuaron los factores exógenos, o una inconsistente visión de la economía, sino mas bien ha sido la ambigüedad en la construcción de un sistema político democrático lo que está en la base de sus dificultades.Con ello me alejo de las críticas al minimalismo Alfonsinista, o al menos deseo advertir la imposibilidad de reducirlo todo a eso.Más bien considero que una solida construcción del sistema político hubiese generado las bases para sustentar las posteriores adaptaciones al ambiente socio-económico que estaba en proceso de transformación, y es aquí donde puede observarse el inconveniente con el que se movía el propio partido de gobierno. Se hallaba frente a este dilema: construir un sistema político democrático, emulando las características de las democracias consolidadas de Europa, o fortalecer una idea democrática de corte movimientista, a través del llamado tercer movimiento histórico. Este dilema recorrerá la primera etapa del gobierno de Alfonsín. La oscilación mostrada repercutirá negativamente en la constitución de las bases del nuevo sistema.Varios autores enfatizan la primera opción, de acuerdo a ellos, el radicalismo tuvo un programa “predominantemente político y de contenido demo-liberal…Ambos formaban parte de la tradición de la UCR…” (Portantiero 1987, pag.275).También se rescata una idea histórica del partido radical, “…no hay partido en la Argentina más comprometido con el liberalismo político que la UCR…la ideología radical subestima efectivamente la presencia de las corporaciones” (Portantiero 278).Estas ideas rectoras a la hora de gobernar, lo condujeron hacia una estrategia confrontativa con aquellos valores que no iban en esa dirección.La idea confrontativa solo podría sustentarse con un apoyo ciudadano permanente, lo cual requería a su vez de una capacidad de respuesta a las demandas de la población. En la medida que esto no ocurriese la confrontación se transformaba en lucha política más cruda (ej.los paros nacionales realizados por la CGT).Ahora bien, un sistema político democrático requiere un sistema de partidos competitivos, con reglas de juego acordadas para esa competencia, considero que este aspecto no solo no fue seguido por el radicalismo sino que su comportamiento profundizo una idea contraria.Así como Portantiero rescata la raíz democrática liberal del radicalismo, también es cierto que su origen estuvo teñido por una idea diferente: la del movimientismo.Esta se caracteriza por una noción de unidad nacional reñida con la diversidad, con una tendencia hegemónica hacia todo aquello que no acuerde con un ideal nacional determinado.Llevado a un extremo confronta la idea de pueblo contra sus enemigos, por tanto no reclama un ideal plural sino más bien tiende a anularlo, no busca interlocutores para dialogar sino sectores a quienes cooptar.Esta concepción formaba parte del propio partido de gobierno y era sustentada por un grupo importante del propio partido radical: la juventud radical, con su brazo universitario a la cabeza y la llamada Junta Coordinadora Nacional. Esta última con injerencia directa sobre el propio Alfonsin, ya que este creía que la democracia se asienta en un ideal participativo y movilizado y precisamente era la juventud radical la que le daba esa impronta.Estas ideas quedan de manifiesto en documentos de la época “El análisis de la realidad nos muestra la existencia de una contradicción fundamental que enfrenta irreconciliablemente al campo del pueblo con sus enemigos. Esta contradicción…tiene un carácter histórico ya que se remonta a nuestros orígenes como nación…” [4].Más adelante la cuestión doctrinaria avanzaba hacia la separación de objetivos estratégicos y la táctica como mecanismo necesario para lograr aquellos objetivos.En este sentido consideraban que ningún partido solo podía lograr esos objetivos estratégicos, de allí que “…sea necesario construir el instrumento que sea capaz de dotar de contenido político totalizador a la propuesta en el campo popular (…) y nuestra formulación es la construcción de un movimiento popular, transformador y democrático…”.[5]El documento reconoce continuidades históricas de movimientos similares en Irigoyen y Perón, “…estamos frente a la posibilidad histórica de recrear la esencia revolucionaria del movimiento nacional sobre la base de una adecuación programática y con un nuevo liderazgo, que permitan avanzar realmente en la tarea de alcanzar la emancipación nacional”. [6]En el fortalecimiento de esta idea no puede desconocerse que actúo la descomposición del partido justicialista, particularmente luego de la derrota electoral.Se consideraba que esto era el comienzo de nuevos realineamientos políticos, donde el peronismo sería superado por una instancia agregativa nueva. De allí que se intentaran estrategias de cooptación, o directamente no se lo incorporó como actor central en el establecimiento de decisiones políticas de estado. En ambos casos la situación se dirigía en contra de la constitución de afirmar un verdadero sistema democrático de partidos.Al mismo tiempo aparece una estrategia de resistencia del propio justicialismo, el cual no quería quedar atrapado por el radicalismo, como tampoco quería mantenerse inmóvil ante la cúpula que lo levó a su primera derrota electoral en comicios libres.Entiendo que este punto es central, ya que si bien a la largo esto es beneficioso para la democracia (la renovación peronista planteó un sistema de elección democrática internas), en lo inmediato alejó aún más los posibles acuerdos generales  con el radicalismo (políticas de estado para temas básicos), ya que la clave del futuro crecimiento del partido renovado, pasaba por diferenciarse del partido de gobierno. El peronismo se refugió en su propio pasado (ahora por medio de la renovación) y no estableció diálogo con un presidente que no les generaba toda la confianza, especialmente por sus diatribas anti-corporativas.La política desarrollada por el Gobierno de Alfonsín, junto con las transformaciones en el peronismo, frustraron la posibilidad de crear interlocutores, acuerdos y compromisos con diferentes actores sociales y políticos.La imposibilidad de haber construido esas bases iniciales, erosionó la fortaleza política del gobierno, especialmente luego de la caída del plan Austral, donde ya comienzan a ingresar en la agenda decisional temas tales como la estabilización, y la necesidad de incorporar reformas estructuralesCualquier intento de reformas de esta naturaleza constituyen operaciones de alto riesgo (especialmente en períodos transicionales), las cuales suponen una fuerte voluntad política para encararlas, y cuando estas no son lo suficientemente fuerte como para avanzar, se requiere de un acuerdo con otras fuerzas políticas. Llegado este punto, y a partir de las razones expuestas,  la endeblez del gobierno comienza a traducirse en indicadores socio-económicos negativos que lo acompañarán hasta la finalización de su mandato.
 

 Bibliografía
 
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-Sidicaro Ricardo, La Crisis
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-Weffort, F “Democracias ¿qué democracias? Bs.As. Revista Sociedad, Vol. 2, 1995.



Javier Etchart
*Politólogo, Docente, Dpto. de Sociales y Filosofía ISDT[1] Estado,Sociedad y economía en la Argentina (1930-1997), Girbal-Blacha (coordinadora) Zarrini G.y Balsa J.J, Universidad Nacional de Quilmes, Bs.As. 2001, pag.202.

 
[2] Sistema Socioeconómico y Estructura Regional en la Argentina, Rofman A., y Romero L., ed.Amorrortu, Bs.As.1997.
[3] Calcagno E. y Calcagno A. La deuda externa, un proyecto político, en Le Monde Diplomatique, Editorial Conosur, Año 1, Nº 12   Buenos Aires. (junio de 2000)  
[4] Junta Coordinadora Nacional Juventud Radical, Cuadernos de Formación Política nº 4.Argentina  Abril 1985 Introducción.
[5] Ibid pag.8
[6] Ibid pag.9.

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